Periferias del mundo y de la existencia. La nueva frontera de Francisco

Pope Francis' General AudienceUna chiesa decentrata, che esce da se stessa e va verso l’esterno. Papa Francesco è riuscito a far capire a tutto il mondo qual è la Chiesa che gli piace e che la parola “periferie” sintetizza. Massimo Borghesi ha proposto una riflessione sul tema (in lingua spagnola) sul sito páginasDigital.es. Ve la proponiamo.

 

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En este año y medio de pontificado hemos aprendido a conocer el “estilo” del Papa Francisco, un estilo sencillo en su discurso, que recuerda el modelo de las predicaciones populares, lleno de expresiones peculiares, incisivas, que despiertan la mente, el corazón, la imaginación. Entre ellas se encuentra la idea, tan repetida, de las “periferias existenciales”. Una expresión polivalente, rica en significado, que indica un juicio sobre la Iglesia contemporánea y, al mismo tiempo, una perspectiva, una dirección de la marcha.

Ya en su discurso a los cardenales en el pre-cónclave del 9 de marzo de 2013, Bergoglio afirmaba: “Evangelizar supone en la Iglesia la parresía de salir de sí misma. La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria”. Aquel discurso delineaba, como anticipo, el programa de su futuro pontificado. El cristianismo debe dirigirse, sobre todo, a los pecadores, no a los sanos, a los alejados, al hijo pródigo, a aquellos que no habiendo conocido a Cristo se han visto privados del afecto del Padre. Están alejados del “centro”, que no es la Iglesia como institución sino Cristo.

Las “periferias existenciales” vienen dadas por aquellos que, pobres social y espiritualmente, se ven privados del amor de Dios y de los hombres. Es la condición del hombre contemporáneo, donde la contradicción entre pobreza y riqueza se ve trágicamente exacerbada por una globalización sin escrúpulos, donde la secularización ha desertificado el alma hasta el punto de que el centro, el corazón de Occidente, se ha convertido en una única, enorme, “periferia existencial”. La idea surge, en Bergoglio, de su vocación pastoral en los años en que fue obispo de la capital argentina. Como afirmaba el 4 de octubre de 2013: “Es un elemento que viví mucho cuando estaba en Buenos Aires: la importancia de salir para ir al encuentro del otro, a las periferias, que son sitios, pero son sobre todo personas en situaciones de vida especial. (…) Una periferia que me hacía mucho mal era encontrar en las familias de clase media niños que no sabían hacer la señal de la cruz. ¡Esta es una periferia! (…) Estas son verdaderas periferias existenciales, donde no está Dios”.

La asociación entre “periferia” y niños que desconocen la señal de la cruz ya estaba presente en su discurso del 27 de septiembre de 2013, dirigido a los participantes en el Congreso Internacional sobre la Catequesis. Se precisa así un topos de Bergoglio, su noción de “periferia”. Indica a los alejados de Cristo, a los pobres sociales e intelectuales, situados tanto en los límites de la metrópolis como en su centro. Una advertencia para la Iglesia actual, cada vez más inclinada sobre sí misma.

En un movimiento de sístole-diástole, la Iglesia ha pasado, a lo largo del último medio siglo, del “Derribad los bastiones” (H.U. von Balthasar) del Concilio Vaticano II a cerrar filas después de los sucesivos deslices doctrinales, la etapa del catolicismo militante de Juan Pablo II, el retorno después de 1989 de un catolicismo cerrado en sí mismo, pagado de sus propias certezas, que solo se relacionaba con el mundo a través de la dialéctica de los valores no negociables, y todo ello a pesar del ímpetu evangélico sugerido por el magisterio de Benedicto XVI.

Con Francisco resuena el “abrid de par en par las puertas a Cristo” de Juan Pablo II, ahora no solo dirigido al mundo sino en primer lugar a la Iglesia. Si el mundo se ha convertido en “periferia”, la Iglesia en consecuencia se ha autoconcebido en estos años como “centro”.

Como dijo el Papa Bergoglio a los obispos latinoamericanos del CELAM el 28 de julio de 2013: “La Iglesia es institución pero cuando se erige en ‘centro’ se funcionaliza y poco a poco se transforma en una ONG. Entonces, la Iglesia pretende tener luz propia y deja de ser ese misterium lunae del que nos hablaban los Santos Padres. Se vuelve cada vez más autorreferencial y se debilita su necesidad de ser misionera”.

Una Iglesia “centro”, centrada en sí misma, ya no es misionera. Es el mensaje que Francisco, en su entrevista con el padre Spadaro, director de La Civiltà Cattolica, incluida en el libro “Mi puerta siempre está abierta”, lanza a “sus” jesuitas: “La Compañía es una institución en tensión, siempre radicalmente en tensión. El jesuita es un descentrado. La Compañía en sí misma está descentrada: su centro es Cristo y su Iglesia. Por tanto, si la Compañía mantiene en el centro a Cristo y a la Iglesia, tiene dos puntos de referencia en su equilibrio para vivir en la periferia. Pero si se mira demasiado a sí misma, si se pone a sí misma en el centro, sabiéndose una muy sólida y muy bien “armada” estructura, corre peligro de sentirse segura y suficiente. La Compañía tiene que tener siempre delante el Deus Semper maior (…). Esta tensión nos sitúa continuamente fuera de nosotros mismos”.

Una Iglesia descentrada

Una Iglesia descentrada, orientada a las periferias, es una Iglesia misionera. Por eso, a la noción de “periferias existenciales” corresponde la Evangelii gaudium, la exhortación apostólica que es el documento programático del pontificado, que repite en el contexto actual la Evangelii nuntiandi de Pablo VI, un Papa muy querido por Francisco.

El Papado del primer pontífice jesuita no puede ser otra cosa que un papado misionero. Donde su impostación “conciliar”, pastoral, da primacía al “encuentro” respecto a la controversia, en línea con Benedicto XVI: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Evangelii gaudium, 7). Donde la concepción de la autoridad como paternidad, como pastor que siente el olor de sus ovejas, como padre misericordioso que se acerca al hijo pródigo, al que está “lejos”. Por eso es importante que el proyecto pastoral “remita a lo esencial y que esté bien centrado en lo esencial, es decir, en Jesucristo. No es útil dispersarse en muchas cosas secundarias o superfluas, sino concentrarse en la realidad fundamental, que es el encuentro con Cristo, con su misericordia, con su amor, y en amar a los hermanos como Él nos amó” (discurso a los participantes en el Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización, 14 de octubre de 2013).

Autoridad, en la Iglesia, es aquel que favorece el encuentro, que abre las puertas, que sale de sus puertas para encontrarse con quien está lejos. Es el deseo que emerge e la conversación con el padre Spadaro: “En lugar de ser solamente una Iglesia que acoge y recibe, manteniendo sus puertas abiertas, busquemos más bien ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos, capaz de salir de sí misma yendo hacia el que no la frecuenta, hacia el que se marchó de ella, hacia el indiferente”.

La Iglesia en “salida” es aquella que va al encuentro de las periferias existenciales. Este encuentro ha quedado bloqueado en estos años por una creciente burocratización de la vida eclesial, de los sacerdotes y de los pastores, fundada sobre roles y distancias, carreras y formalidades. Para el Papa, la secularización actual no es solo el fruto de un modelo económico que disuelve todo tipo de relación social, desacralizándolo todo excepto los bienes. También es el fruto de una burocratización eclesiástica, de una distancia infinita entre obispos y clero, entre clero y pueblo. No es solo la Ratio la que se ha cerrado a lo sobrenatural, en el positivismo imperante, sino también la Fides que se ha ideologizado, “clericalizado”. La enfermedad del cristianismo contemporáneo se llama clericalismo. Ya no es la mundanización de la fe de los años setenta del siglo pasado, que nacía del empeño histórico-político de un cristianismo hegemonizado por la cultura marxista.

Ahora se trata de una nueva mundanización, propia de una nueva derecha católica que acepta totalmente la cultura del “descarte”, la lógica sacrificadora del neocapitalismo vencedor tras 1989. Solo pide negociar sobre ciertos valores que han quedado disueltos precisamente por ese neocapitalismo aceptado de forma acrítica. Así un catolicismo en orden, perfectamente insertado en el poder del mundo, queda legitimado por la defensa de una ortodoxia ética que la “sociedad líquida” disuelve paso a paso. El catolicismo se convierte así en una reserva indiana, en perenne dialéctica con el mundo, sin poder indicar aspectos positivos, puntos de cruce.

Lo que falta en este clericalismo ético es propiamente Cristo, Cristo como sujeto del Encuentro. El Cristo de Charles Péguy. Como escribía el gran francés en su Verónica. Diálogo de la historia y el alma carnal: “Pero vino Jesús. Tenía que hacer sus tres años. Hizo sus tres años. Pero no perdió sus tres años, no los utilizó para quejarse de los males de los tiempos. Y, sin embargo, existían los males de los tiempos, de su tiempo. Llegaba el mundo moderno, estaba listo. Y él abrevió. De una manera muy sencilla. Haciendo el cristianismo. Poniendo en el medio el mundo cristiano. No imputó, no acusó a nadie. Salvó. No imputó al mundo. Salvó al mundo. Estos otros vituperan, imputan. Acusan las arenas del siglo, pero también en tiempo de Jesús existía el siglo y las arenas del siglo. Pero en la arena árida, en la arena del siglo corría una fuente, una fuente inagotable de gracia”.

En línea con esta perspectiva, con la perspectiva de Péguy, se sitúan el testimonio y el magisterio del Papa Francisco. Como afirma Fabio Colagrande, en su blog Vino nuevo: “¿El secreto de Francisco? Que es anticlerical” (7 de julio de 2014). Eso supone, nuevamente con Péguy, el primado del cristianismo “carnal”, fundado sobre la fisicidad del encuentro. Solo así el “centro” puede hacerse “periferia”. Como confiesa el Papa al padre Spadaro: “Para mí es fundamental la cercanía de la Iglesia. La Iglesia es madre, y yo no conozco ninguna mama ‘por correspondencia’. La mamá da afecto, toca, besa, ama. Cuando la Iglesia, ocupada en miles de cosas, se salta el acercamiento, se olvida o se comunica tan solo mediante documentos, es como una mamá que se comunica con su hijo por carta”.

Es el sueño de “una Iglesia madre y pastora”, que no teme hacerse cargo del pecado del mundo, de su lejanía, que no teme su hostilidad sino que la lleva con coraje, sin miedo a ensuciarse las manos. Es la imagen de la “Iglesia samaritana” que, ya presente en el Documento de Aparecida de la V Conferencia episcopal latinoamericana de 2007, encuentra su confirmación en la figura del “hospital de campaña tras una batalla”, de la que habla el Papa en su entrevista de La Civiltà Cattolica. Las periferias existenciales necesitan testigos, “pastores y no funcionarios clérigos de despacho”. Por ello, “los ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prójimo. Esto es Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado. Las reformas organizativas y estructurales son secundarias, es decir, vienen después. La primera reforma debe ser la de las actitudes. Los ministros del Evangelio deben ser personas capaces de caldear el corazón de las personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso descender a su noche y su oscuridad sin perderse”.

Así, una Iglesia des-centrada podrá encontrarse con los hombres en las encrucijadas de la historia actual.


Mercoledì 5 novembre al Centro Altinate “La strada bella”, il video per i 60 anni di CL

tracce-cl-strada-bella[1]A 60 anni da quando don Luigi Giussani salì i gradini del Liceo Classico Berchet di Milano per insegnare religione, Comunione e Liberazione ha realizzato un video dal titolo «La strada bella». Il dvd, della durata di 84 minuti, racconta l’oggi del Movimento attraverso immagini da tutto il mondo, documentando che cosa è nato da don Giussani e da chi rivive la sua esperienza ora.

Per iniziativa dell’Associazione culturale Rosmini

“La strada bella” verrà proiettato

mercoledì 5 novembre 2014 alle 21.00

nel centro culturale San Gaetano – Altinate

di via Altinate, 71 – Padova

Ingresso libero, info 329-9540695 info@rosminipadova.it #lastradabella

 

Realizzato dai giornalisti Monica Maggioni e Roberto Fontolan e dall’art director Dario Curatolo, «La strada bella» è in omaggio col numero di ottobre di Tracce, la rivista internazionale di CL.

Sottotitolato in italiano, inglese, spagnolo, tedesco, francese, portoghese, russo e polacco, il video si avvale di centinaia di filmati giunti da 43 Paesi, di tre “storie” girate a New York, San Paolo e Kampala e di un’intervista a don Julián Carrón (presidente della Fraternità di CL) realizzata a Madrid.

Il video arriva dopo la pubblicazione della Vita di don Giussani (ed. Rizzoli) e le decine di presentazioni svoltesi in tutta Italia e mostra che ciò che tanti hanno potuto sentire e vedere leggendo il libro ha un frutto oggi: la vita di un popolo, che non può essere staccata da don Giussani, così come il Movimento non può essere diviso dalla storia di don Giussani.

Annunciando l’uscita del DVD, don Carrón ha detto di recente: «Il video è una testimonianza, una documentazione di come il Mistero abbia avuto pietà del nostro niente; ed è uno strumento che ci aiuta a comprendere il cammino che abbiamo fatto in questi anni e del quale dobbiamo essere ancora più consapevoli e grati».

Al video Tracce ha dedicato 10 pagine di presentazione con contributi di Monica Maggioni, Fontolan e Curatolo, insieme a tre interviste al presidente della Sea Pietro Modiano, al filosofo Eugenio Mazzarella e al sociologo Mauro Magatti che lo hanno visto in anteprima.

 

GUARDA IL TRAILER DEL VIDEO

 

 


La presentazione di “Senza legami” al Meeting di Rimini

6472_RAMO2014[1]Giovedì 28 agosto 2014 alle 20.00 nell’eni Caffè Letterario nel settore A3 della Fiera di Rimini nel ciclo “Invito alla lettura” del Meeting di Rimini è stato presentato “Senza legami. Fede e politica nel mondo liquido: gli anni di Benedetto XVI”, l’ultimo libro di Massimo Borghesi, docente di Filosofia morale all’Università di Perugia (Edizioni Studium). Erano presenti: l’Autore e Alessandro Banfi, direttore di Tgcom24, con il coordinamento di Camillo Fornasieri, direttore del Centro Culturale di Milano.

 

Il video dell’incontro

 

La fotogallery

https://www.flickr.com//photos/meetingdirimini/sets/72157648363770799/show/

 

Il comunicato stampa del Meeting

 

Fede e politica nel mondo liquido: gli anni di Benedetto XVI

 

Camillo Fornasieri, direttore del Centro Culturale di Milano, descrive l’ultima fatica letteraria di Massimo Borghesi, docente di Filosofia morale all’Università di Perugia, come una raccolta di articoli apparsi tra il 2004 e il 2013, “anni accomunati da diverse sfide che hanno caratterizzato il pontificato di Benedetto XVI, che è il filo conduttore dell’opera”.

Alessandro Banfi, direttore di TgCom24, condivide il giudizio di Antonio Socci per il quale Borghesi è “l’unico vero intellettuale cattolico italiano”, in quanto si gioca pienamente nel rischio di un giudizio storico “calato nell’ethos del nostro paese”. Ne è esempio quanto Borghesi scriveva (e sono parole che potrebbero applicarsi anche a Bergoglio) durante il conclave che avrebbe eletto papa Ratzinger: “Il nuovo papa non potrà né dovrà ripetere il precedente. (…) Dovrà essere moderno nella tradizione, un papa parroco del mondo che aiuti la chiesa a ritrovare la sua anima vera, magari con quei suoi tesori spesso ricoperti di muffa”.

Banfi definisce spettacolari le pagine che chiosano i discorsi di Ratzinger su sant’Agostino e su Romano Guardini (autori cari anche a Borghesi). E non a caso il papa teologo si appoggia a questi autori per sviluppare il tema della Chiesa nella modernità. Secondo Banfi “Borghesi coglie nel pontificato di Ratzinger non solo la questione del valore della ragione, ma anche quella della purificazione della Chiesa. Le dimissioni sono precisamente lo scardinamento della prigionia di derivazione curiale”. Ancora Banfi si dichiara colpito dall’articolo su Alberto Methol Ferré, dove individua una specie di profezia proveniente dall’America latina, e da quello su Giacomo Tantardini: “Non solo il ricordo di un amico, ma l’esame di ciò che resta di un’amicizia, ossia la dimostrazione che la grandezza dell’incontro con Cristo è strategia operativa nel lavoro intellettuale del ‘corpo a corpo con ciò che avviene’”.

Prende la parola l’autore, che avverte subito di essere “contento di aver scritto un libro che finalmente tutti possono leggere, essendo fatto di articoli ed editoriali”. Il libro vuole costituire un “antidoto contro la smemoratezza di quanto avvenuto nei dieci anni passati”, e questa è “urgenza propria della fede cristiana, perché altrimenti si assecondano le dinamiche del potere o ci si limita ad essere reattivi”.

Con una carrellata che prende le mosse da Giovanni Paolo II, Borghesi introduce le questioni fondamentali del libro: fronteggiare la “sporcizia della Chiesa” e il relativismo del mondo. “La tragedia è quando anche la Chiesa diventa liquida, teatro, fiction, show virtuale, una deriva che Benedetto XVI combatte strenuamente con l’arma della mitezza”. Per Borghesi è necessario “demistificare le interpretazioni di papa Ratzinger di stampo sia progressista sia reazionario”, espressioni del relativismo o del manicheismo, che restano logiche di potere, tanto più pericolose ai nostri giorni in fatto di “terza guerra mondiale a puntate”.

“Abbiamo diritto di difenderci – afferma Borghesi – ma è ora di gettare ponti e oltrepassare i nostri bastioni difensivi, cioè tessere legami nel mondo liquido”. “Ratzinger – conclude – non è stato un intermezzo tra Wojtyla e Bergoglio, ma inizio del rinnovamento della chiesa che in papa Francesco trova la sua naturale prosecuzione”.

(A.C.)


Sant’Agostino, il vero fil rouge di papa Montini

cop agostinoUna presenza discreta eppure costante, un vero fil rouge fatto di appunti scritti perlopiù a mano con calligrafia minuta. Nel 2008 stati pubblicati dal mensile 30Giorni, diretto da Giulio Andreotti, gli appunti riguardanti sant’Agostino di Giovanni Battista Montini, come arcivescovo di Milano prima e come papa poi, raccolti da monsignor Pasquale Macchi, suo segretario.

La raccolta comprende circa 500 diversi passi di sant’Agostino; alcuni di essi si ripetono, così da raggiungere il numero di circa 700 citazioni in totale. Un numero che fa comprendere la conoscenza puntuale, la consuetudine e il profondo amore di Paolo VI per questo grande Padre della Chiesa.

L’Associazione culturale universitaria “Antonio Rosmini” di Padova, organizzatrice per undici anni del Convegni sull’attualità di sant’Agostino, martedì 25 novembre 2008 nell’aula magna dell’Università di Padova propose un incontro dal titolo Montini e Agostino - Sant’Agostino negli appunti inediti di Paolo VI, i cui contributi poi furono pubblicati in larga parte da 30Giorni (2/1999).

Li riproponiamo oggi a pochi giorni dalla beatificazione del papa bresciano. Questo il programma dell’incontro padovano.

Saluto

Gian Paolo Romanato docente di Storia della Chiesa all’Università di Padova

Leggi la relazione sul sito di 30Giorni

 

Introduzione

mons. Renato Marangoni vicario episcopale per l’apostolato dei laici - diocesi di Padova

 

Relazioni

Maria Tilde Bettetini docente di Storia della filosofia alla Libera Università di Lingue e Comunicazione IULM di Milano

Leggi la relazione sul sito di 30Giorni

 

don Giacomo Tantardini autore del volume “Il cuore e la grazia in sant’Agostino” (Città Nuova editrice)

Leggi la relazione sul sito di 30Giorni

 

Gli appunti su sant’Agostino risalgono sia all’epoca dell’episcopato di Montini a Milano, sia al periodo del papato a Roma; quasi tutti sono scritti a mano, mentre rarissimi sono i brani trascritti con macchina da scrivere. È interessante segnalare che un discreto numero di citazioni di Montini non sono del tutto letterali e questo fa capire che buona parte di esse erano probabilmente fatte a memoria.

 

Ecco alcune immagini dell’incontro


“Alle radici del Cristianesimo veneto”, visita ad Aquileia e Grado

Basilica_Aquileia_1[1]Un tour alla scoperta delle millenarie radici cristiane del Nordest. Domenica 9 novembre l’Associazione culturale Antonio Rosmini con il coordinamento di Romano Tiozzo propone una visita di una giornata ad Aquileia e Grado.

La vita di Aquileia romana dura sette secoli, dal 181 a.c. al 452 d.c. con l’invasione degli Unni. Dal 313 dopo l’editto di Costantino inizia lo splendore della città che era la nona dell’impero e la quarta d’Italia dopo Roma Milano e Capua ed aveva assunto il titolo di Capitale della Provincia Venetia ed Histria. Nel 320 inizia la costruzione della prima Basilica che ospiterà nel 381 il Concilio di Aquileia che sostiene l’ortodossia cristiana contro l’arianesimo che negava la divinità di Cristo.

Il programma prevede la partenza da Padova alle ore 8.00 e l’arrivo a Grado alle ore 10.00. È possibile partecipare alla Santa Messa delle 10.00 nella cattedrale di Sant’Eufemia. La celebrazione che sarà animata dalla corale della cattedrale.

A conclusione si potrà visitare nel centro della bella cittadina il campo dei Patriarchi, il duomo di Santa Eufemia e la vicina cattedrale di Santa Maria delle Grazie. Raggiungeremo poi la basilica della Corte per concludere alle 12.30 con una passeggiata nel bellissimo lungomare. Per la visita a Grado abbiamo invitato il professor Ezio Marocco curatore della Guida storico artistica della città.

In un quarto d’ora possiamo raggiungere Aquileia dove è previsto il pranzo al sacco fino alle 14.30. Qui inizierà la visita alla basilica patriarcale, alla cripta degli affreschi, ai mosaici delle Aule Teodoriane. Visiteremo anche la parte romana e – per chi lo desidera - i Musei. Alle 18.00 è fissata la partenza per Padova.

Alla gita si può partecipare con il pullman o con la propria auto. Sia Grado che Aquileia sono dotate di ampi parcheggi. Il costo per chi utilizza l’autobus è di venti euro a persona, quindici per i bambini sotto i 12 anni. Per chi viene con la propria auto le quote sono dieci euro per gli adulti e quattro per i bambini. La visita nel pomeriggio sarà guidata da don Carlo Gervasi, parroco a Udine e cultore di storia e tradizioni locali.

Info e conferme a Romano Tiozzo romano.tiozzo@ve.camcom.it (320-181076) o a Valentina Bolognesi valeboolo@gmail.com (340-3207258) anche con un sms. Per la conferma, si richiede di indicare se si partecipa con la vostra auto o con il pullman (sarà prenotato solo in caso di raggiungimento di una quota di almeno 50 persone). Per chi viene in pullman le iscrizioni si chiudono martedì 4 novembre, per chi invece viene in auto, si può confermare entro venerdì 7 novembre.


Borghesi: l’errore di opporre Benedetto e Francesco

dimissioni-papa-benedetto-xvi-video-discorso-completo-joseph-ratzinger1-1024x640[1]Il quotidiano online IISussidiario.net mercoledì 15 ottobre riporta una lettera di Massimo Borghesi in risposta ad alcune critiche ricevute in questi giorni su alcuni media riguardo ai Papi Benedetto e Francesco. Le critiche (una lettera di Antonio Simone al settimanale Tempi con relativa risposta del direttore Luigi Amicone e un intervento del direttore de La Nuova Bussola Quotidiana Riccardo Cascioli) riguardano proprio l’incontro del 30 settembre scorso promosso a Padova dall’Associazione culturale Rosmini con Alessandro Banfi e lo stesso Borghesi (clicca qui per il video).

 

Leggi la risposta di Borghesi sul sito de Il Sussidiario.net.

 

Il Sussidiario.net, mercoledì 15 ottobre, Lettera/ Borghesi: l’errore di opporre Benedetto e Francesco (M. Borghesi)

 

Prima Antonio Simone (Bene Alfano, non bene il filosofo che per ferire l’ateo bombarda BXVI)  ed ora Riccardo Cascioli sul suo blog (Le falsità di Borghesi su Ratisbona). E’ un po’ troppo. Un po’ troppo per uno che ha scritto di recente due volumi tesi a valorizzare l’intelligenza teologica e il pontificato di Ratzinger-Benedetto XVI. Parlo del mio Critica della teologia politica. Da Agostino a Peterson: la fine dell’era costantiniana (Marietti 2013) e di Senza legami. Fede e politica nel mondo liquido: gli anni di Benedetto XVI (Studium 2014). Simone, dal video di una mia recente conferenza padovana, dedicata alla teologia politica e scaricabile su youtube, riporta mie affermazioni “strabilianti”: «Già Ratzinger fece quell’errore di metterci Maometto di mezzo nel discorso di Ratisbona e ci furono uccisioni, ci furono persecuzioni. Non si può dire che è l’Islam, perché nell’Islam c’è di tutto… E se dici così è perché vuoi la morte dei cristiani». Commentandole il nostro osserva come «Finalmente una accusa di procurato genocidio con mandante certo, Ratzinger, il Papa, che tenne una lectio magistralis all’Università di Ratisbona». Termina poi con osservazioni che mi appaiono totalmente irragionevoli.

La presentazione di Simone deve, a quanto pare, aver stuzzicato l’appetito di quanti, negli ultimi tempi, si sono sentiti infastiditi delle mie critiche, di coloro che dentro la Chiesa stanno remando platealmente contro il papato di Francesco contrapponendolo, in un modo del tutto ideologico, a quello di Benedetto. A questa polemica per me senza senso si aggiunge Riccardo Cascioli che, nella giornata di lunedì, ha vergato il suo giudizio senz’appello. Per Cascioli è «incredibile come certi intellettuali, per accreditarsi come fedelissimi di papa Francesco sentano il bisogno di sparare sui papi precedenti, contribuendo ad accreditare l’idea che sia iniziata una nuova epoca nella Chiesa – più libera, più vera, più attaccata alla fede in Gesù Cristo – in rottura con la precedente – ovviamente oscurantista, chiusa, intransigente, arroccata sui valori, incapace di incontrare altri. E’ un’immagine caricaturale della Chiesa e dei Papi, e l’ultimo a unirsi a questo coro conformista è il filosofo Massimo Borghesi».

Così risuona l’incipit di Cascioli. Peccato per lui, però, che questa visione sia la sua, non la mia. Per quel che mi riguarda, nell’introduzione del mio volume Senza legami scrivevo: «La raccolta termina con le dimissioni di Benedetto. Con ciò non si chiude un’epoca. Benedetto non è stato un intermezzo, l’intervallo “tra”  Giovanni Paolo II e Francesco. In realtà rispetto al declino della Chiesa tra la fine degli anni 90 e i primi del 2000, è stato piuttosto un inizio, l’inizio di una purificazione che trova in papa Francesco la sua esemplare prosecuzione».

Come si può notare la mia visione non è Francesco contro Benedetto ma Francesco e Benedetto. Se Cascioli e Simone avessero letto i miei testi avrebbero evitato di scrivere ciò che hanno scritto. Poiché, evidentemente, ciò non è accaduto, Cascioli può appigliarsi alla conferenza di Padova  nella quale il sottoscritto «ha addirittura addebitato a Benedetto XVI la responsabilità morale di stragi e persecuzione dei cristiani nei paesi islamici a causa del famoso discorso di Ratisbona del 12 settembre 2006». Per Cascioli «obiettivo di Borghesi sono quelli che lui definisce “i teocon di ritorno” che hanno criticato Francesco per la sua presunta timidezza nei confronti dei terroristi islamici che hanno costretti i cristiani iracheni alla fuga. Secondo Borghesi, costoro avrebbero voluto che “il Papa dichiarasse guerra all’Islam”(…) e per dare più forza a questo giudizio, afferma letteralmente: “…Già Ratzinger, Benedetto, fece quell’errore….”». E qui Cascioli cita la stessa affermazione riportata da Simone commentando da par suo: «accusare papa Benedetto XVI di essere causa  diretta di uccisioni e persecuzioni di cristiani è una enormità sconcertante, e soprattutto un falso storico».

Che dire di fronte a ciò? E’ vero che quando la diversità delle posizioni ideali si accentua il gioco si fa sporco. Non deve, però, superare certi limiti. Non tutto può essere tollerato. Simone e Cascioli nella loro foga fanno ciò che non devono fare: mischiano frasi che nel parlato si riferiscono a soggetti diversi, la prima a papa Benedetto, la seconda ai teocon che vogliono la guerra contro l’Islam. Nel primo caso il mio rilievo si riferiva all’unico limite presente nel discorso di Ratisbona, per il resto splendido: quello di aver citato, nel discorso dell’imperatore bizantino, il nome di Maometto, nome sacro a tutto l’Islam. La critica alla violenza religiosa poteva fare a meno, nel discorso non di un teologo o di un filosofo ma di un Papa, di quel dettaglio senza perdere in nulla la sua incisività.

E’ quanto osserverà, con grande lealtà, lo stesso Benedetto nella sua intervista Luce del mondo: «Avevo concepito quel discorso come una lezione strettamente accademica, senza rendermi conto che il discorso di un Papa non viene considerato dal punto di vista accademico ma politico». La mia critica era pertanto volta a quel dettaglio, inopportuno, e non certo al discorso di Ratisbona che resta un modello  di dialogo interreligioso fondato sulla ragione e non sulla violenza.

Né mi sognavo di coinvolgere il Papa nella responsabilità della morte di cristiani in terra islamica. Questa morte, ed era il senso della frase che seguiva, era invece implicitamente richiesta proprio da coloro che in nome della fede chiedevano a gran voce, al suo successore Francesco, di proclamare la crociata, la guerra “religiosa” contro l’Islam. Chiedevano a Francesco quanto Benedetto, con Ratisbona, voleva evitare e superare: il conflitto politico-religioso. Per capire quanto affermavo nella sua giusta prospettiva bastava ascoltare le parole che seguivano, parole che Simone e Cascioli si guardano bene dal riportare.

Contro coloro che volevano e vogliono la guerra contro l’Islam si affermava che, in tal caso, «Ti fai forte della bandiera ma non ti curi minimamente poi della realtà di quelle persone che dici di voler difendere. Ma allora è solo un alibi ideologico, non una preoccupazione reale. Sono gli iperortodossi, i nuovi zeloti. Il pericolo per la Chiesa e per i cristiani negli anni 70 era la sinistra. Oggi il pericolo è a destra. Perché il mondo è totalmente cambiato e il pericolo non sta mai da una parte sola, cambia secondo la scena del mondo. Oggi gli iperzeloti sono quelli che, direbbe Péguy, ostacolano di più la comunicabilità della fede, quelli che chiudono le porte, quelli che mettono i doppi chiavistelli, quelli che si preoccupano dell’ortodossia al punto da fare lo screening ogni giorno al Papa, se è cattolico o non è cattolico, arrivando al ridicolo totale. Quelli attaccati ai valori non negoziabili non per se stessi, che sono giusti, ma perché permettono di sentirsi una parte eternamente in lotta. Se togliete loro il nemico non sanno più cosa fare. Si addormentano se non c’è il nemico. Quindi sono reazionari perché si muovono per “reazione” mentre la fede cristiana è positiva, è innanzitutto propositiva. Poi i nemici uno li incontra, perché non tutti gradiscono quanto proponi».

Sono queste parole, non c’è dubbio, dette a caldo nel pathos di una conferenza, e non l’inciso su Ratisbona che hanno mosso i nostri due critici ad accusarmi in modo palesemente non nobile, ignobile. Si sono evidentemente riconosciuti nel mio ritratto ed hanno pensato bene di colpirmi. Ci sono riusciti perché la stima e l’affetto che ho avuto e che ho per Ratzinger, da teologo e da Papa, ben documentati dai miei due volumi, non possono essere messi in discussione. Né piegati nella polvere di polemiche che non si sollevano dalla denigrazione e dall’insulto. Documento, se ne cercassimo ancora la prova, di un pensiero cristiano che non esiste più.

 


Paolo VI, esempio di perseveranza e potenza di pensiero

1572640_Articolo[1]L'intervista rilasciata il 14 ottobre da Massimo Borghesi a Radio Vaticana a pochi giorni dalla beatificazione di Paolo VI.

 

"Di che ha bisogno l'Italia? Non tanto di uomini quanto di una coscienza legale e giuridica di rispetto alla legge". E' uno dei tanti appunti di Paolo VI, al secolo Giovanni Maria Montini, che dimostrano la profonda conoscenza della realtà del tempo in cui viveva. Papa Francesco lo proclamerà Beato il 19 ottobre.

http://media02.radiovaticana.va/audio/audio2/mp3/00448656.mp3

Dall'esperienza del padre parlamentare, a quella con la Fuci e don Sturzo; dal suo rapporto con De Gasperi, ai 15 anni di pontificato, Paolo VI esprime costantemente "un senso religioso profondo e un altrettanto profondo desiderio di incontrare l'uomo moderno cogliendone le attese più profonde. Sia nel campo spirituale che in quello sociale e politico". Per Massimo Borghesi, docente di Filosofia morale all'Università di Perugia, è questo il filo rosso che ha attraversato la vita di Montini. Ricorda mons. Ennio Apeciti, responsabile del Servizio per le Cause dei santi dell'Arcidiocesi di Milano, "quello che lo animava era la certezza della speranza e la fiducia negli uomini e nel mondo ricco di valori. Durante gli anni intensi e travagliati del pontificato, Paolo VI seppe essere perseverante".
(Emanuela Campanile)

 


La Chiesa non ha bisogno di un partito di zeloti

Rajoy-1024x714[1]In Spagna come in Italia c’è bisogno di un partito confessionale per difendere i valori cari ai cattolici? Secondo Massimo Borghesi no. Non in Spagna perché “un partito così non potrebbe non ricordare il passato franchista, un modello clericale, di destra”. Ma anche altrove, significherebbe non tener conto della secolarizzazione e del messaggio di papa Francesco.

 

Leggi l’articolo su IlSussidiario.net.

 

IlSussidiario.net, giovedì 9 ottobre, IL CASO/ La Chiesa non ha bisogno di un partito di zeloti (M. Borghesi) (link http://www.ilsussidiario.net/News/Cultura/2014/10/9/IL-CASO-La-Chiesa-non-ha-bisogno-di-un-partito-di-zeloti/540065/)

 

Le dichiarazioni del primo ministro della Spagna, Mariano Rajoy, sul venir meno del progetto di riforma della legge sull’aborto ha suscitato nel mondo cattolico spagnolo una vivace discussione. Le promesse del ministro della Giustizia Alberto Ruiz Gallardon, che si era fortemente impegnato a ridisegnare in senso restrittivo la precedente legge del governo Zapatero, una delle più “liberal” d’Europa, non hanno ottenuto l’esito sperato e il ministro, con grande dignità, si è dimesso dal Governo assumendosi ogni responsabilità.

Se una cosa si può rimproverare al Governo è quella di aver propugnato una riforma radicale, in senso restrittivo, laddove era certamente meglio privilegiare, su un terreno così sensibile, una politica di piccoli passi. Il fallimento del progetto partorisce ora il topolino: la richiesta dell’obbligo del consenso obbligatorio dei genitori laddove la figlia minorenne decida di abortire, consenso non richiesto dalla legge Zapatero. Per questo impegnarsi per una soluzione massimale non è stata un’ottima idea. Non prima di un piano di assistenza e di protezione della famiglia che solo ora il Governo Rajoy si decide a varare.

Comunque sia il dietrofront del Partido Popular ha suscitato, com’era prevedibile, la reazione di parte del mondo cattolico spagnolo deluso dalle promesse non mantenute, dal “tradimento” del Governo. Come conseguenza taluni settori di quel mondo vanno auspicando la creazione di un “partito cattolico”, diverso dal Partido Popular troppo laico e compromesso con il potere, capace di portare avanti i valori cristiani contro il laicismo imperante. Significativamente questa idea è stata criticata da Benigno Blanco, presidente del Forum de la familia, il quale non è stato affatto tenero con la decisione di Rajoy. Blanco comprende bene come un partito “cattolico” non potrebbe che portare ad una forza politica dalle percentuali minime, ininfluente nel panorama politico. Un partito fortemente polarizzato su alcuni valori, privo di un programma sociale complessivo, che ricorderebbe, in qualche modo, il Tea Party americano.

In Spagna un partito così non potrebbe non ricordare il passato franchista, un modello clericale, di destra. Con il risultato che esso diverrebbe utile non alla Chiesa ma proprio al fronte laico-socialista che intende combattere. Quel fronte avrebbe infatti buon gioco, ogni volta che sono all’ordine del giorno le battaglie “etiche”, a sbandierare lo spauracchio clericale, il timore del ritorno al passato, il pericolo dell’avanzare delle destre. Un partito “cattolico” è il regalo più grande che, in questo momento, può essere fatto al fronte socialista che, da sempre in Spagna, è attestato su una posizione laicista. Servirebbe a rilegittimare quell’ideologia radical-borghese che, dopo il fallimento degli anni di Zapatero e del modello economico di crescita, appare in una condizione di forte disorientamento.

Un partito cattolico non farebbe avanzare di un millimetro i valori cristiani in sede legislativa e procurerebbe, al contrario, nuovo ossigeno alle forze laiche. Ritornerebbe in gioco, più calda che mai, la dialettica tra clericali ed anticlericali che, da un secolo a questa parte, blocca la vita politica e civile in Spagna. Uno scontro aperto che porterebbe la Chiesa in prima linea, più di quanto sia esposta oggi.

In Italia questo pericolo è stato scongiurato, dopo la caduta del fascismo con il suo temporalismo ecclesiastico, dalla Democrazia Cristiana di Alcide de Gasperi, sostenuto, in Vaticano, da Mons. Montini. De Gasperi e Montini non vollero in Italia un partito “cattolico”, clericale, che avrebbe diviso il Paese tra cattolici ed anti-cattolici, bensì un partito democratico-cristiano, nazionale, aperto alla collaborazione con tutti. Partito della mediazione e non dello scontro e, come tale, capace di tenere il quadro sociale unito e di difendere la libertà di fronte al più forte partito comunista dell’Occidente. In Spagna una democrazia cristiana è, purtroppo, mancata. E’ mancato un partito che mediasse tra la Chiesa e la sfera della politica, che attutisse lo scontro e consentisse la formazione di un laicato cattolico capace di assumersi responsabilità di governo.

Di qui la dialettica tra clericali e anticlericali, priva di punti d’incontro, lo scontro tra destra e sinistra, tra chi guarda ancora al passato e il progressismo più vacuo. Per questo le critiche odierne al Partido Popular non sono giustificate. Anche se il PP non è la Dc ricordano, però, quelle di molti cattolici italiani alla DC durante il referendum sul divorzio, nel 1974, e sull’aborto, nel 1981. Sono critiche ingenerose, poco realistiche e, soprattutto, senza alternativa sul piano politico. Nel gioco democratico oggi si perde e domani, se le condizioni mutano, si può vincere. I cattolici non dovrebbero, però, dimenticare due cose.

La prima: che non è saggio forzare troppo un quadro giuridico che gode di grande consenso sociale. In questo caso l’ottimo è nemico del bene. La seconda è che la battaglia per i valori fondamentali non può trascurare il dato di una secolarizzazione che li ha resi difficilmente riconoscibili. I cristiani devono qui promuovere un lavoro educativo che non può prescindere da ciò che papa Francesco afferma nella Evangelii gaudium, da ciò che «primerea», che viene prima: l’incontro con l’avvenimento cristiano. Il mondo odierno non sa più nulla di Cristo. Per questo solo una testimonianza cristiana, umanamente autentica, può introdurre gli uomini alla riscoperta di valori che, senza la grazia, appaiono oggi come mete inarrivabili, punti di fuga da una vita che deve ripudiare, in ogni modo, il dolore e l’idea della morte.


I video dell’incontro del 30 settembre con Alessandro Banfi e Massimo Borghesi

videoAbbiamo pubblicato sul canale youtube dell’Associazione culturale Rosmini i video dell’incontro di martedì 30 settembre al Centro culturale Altinate per la presentazione di “Critica della teologia politica” di Massimo Borghesi. Come resoconto della serata, accludiamo un articolo di Eugenio Andreatta pubblicato sul sito internet Tracce.it e sul sito dell’Associazione italiana Centri culturali.

 

L’intervento di Alessandro Banfi

http://youtu.be/AFGdqQlhH1s?list=PLDdX9rxOmQJaB9ggrYZrP5BmuU5gzbLXn

 

L’intervento di Massimo Borghesi

https://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=WoGal7FmPcE&list=PLDdX9rxOmQJaB9ggrYZrP5BmuU5gzbLXn

 

Tracce.it, venerdì 3 ottobre, Cosa fa vincere nella storia? (E. Andreatta)

 

Uno può chiamarla con la sua definizione più tecnica, teologia politica, e pensare che sia roba da filosofi. Poi cominci a sgranare un attimo il concetto e ne esce qualcosa che assomiglia molto alle prime pagine dei quotidiani di questi giorni. Gente incappucciata che un giorno sì e uno no decapita malcapitati in nome di un dio più potente che misericordioso. Gente che inizia e conclude in nome del Signore discorsi con cui proclama il bombardamento di un Paese distante decine di migliaia di chilometri. Oppure, per restare a casa nostra, gente che insegna il catechismo al Papa, tirandolo per la tonaca per convincerlo a benedire missili. Che colpiranno solo infedeli, beninteso.

La presentazione del saggio di Massimo Borghesi Critica della teologia politica, promossa martedì 30 settembre dall’Associazione culturale Rosmini al Centro Altinate di Padova, ha sottolienato che di teologia politica il mondo è saturo. E che la religione oggi più che mai è invocata come ideologia di guerra. Come se non si potesse essere religiosi se non contro qualcuno. «Siamo in una guerra mondiale a pezzi», ha detto direttore di Tgcom24 Alessandro Banfi riprendendo il giudizio di papa Francesco, «la teologia politica ne è la giustificazione». E quanto alla fede è come se si tornasse indietro di duemila anni. A Roma, nei pressi della Stazione Termini c’è il Museo nazionale romano, con una delle più importanti collezioni di arte classica del mondo. Custodisce capolavori come il Pugile, il Principe ellenistico e la Niobide dagli Horti Sallustiani. Ma quello che ha colpito Banfi è soprattutto l’Augusto Pontefice Massimo. «Impressionante: l’uomo più potente del mondo con il capo velato, come i sacerdoti romani durante i riti sacri». Imperatore e papa insieme.

Il cristianesimo manda all’aria tutto questo. «Nessuno, neppure un uomo, desidera omaggi forzati», scrive Tertulliano nel 197. E quindi «sia lecito che uno adori Dio, l’altro Giove». «Ubi fides ibi Libertas», codificherà poi Ambrogio. Una libertà che non è solo per i cristiani, ma per tutti. Principio tradito mille volte, evidentemente. Ma che rappresenta il più potente argine alla prepotenza di chi mescola le carte tra Dio e Cesare.

Esemplare, per venire ai nostri giorni, il caso di Giovanni Paolo II. Finché ha benedetto l’abbattimento dei muri, tutti con lui. Poi, ora ha precisato Borghesi, «appena si è opposto alla Guerra del Golfo voluta da Bush, i sostenitori più entusiasti si sono trasformati nei critici più accaniti». Il Papa è vecchio, è stanco, ha tirato i remi in barca. E giù con gli editoriali degli intellettuali “di riferimento” «anche per tanto mondo cattolico, i Ferrara, i Galli della Loggia». Nessuno naturalmente ha ascoltato la voce della Chiesa irachena, che di lì a poco verrà smembrata. Borghesi ha moltiplicato gli esempi, tra contesto internazionale e italiano, indicando gli autori di riferimento della teologia politica, ma anche proponendo antidoti. Che non vanno cercati lontano, sono nel cuore stesso della Chiesa.

In Agostino, soprattutto attraverso la splendida lettura che ne fa Ratzinger, emergono con chiarezza. «Il cristianesimo è grazia, dono del Signore», ha affermato Borghesi, «imporlo con la forza significherebbe andare contro la sua stessa natura. Può comunicarsi solo mediante un incontro, quindi attraverso esempi, testimonianze, non solo battaglie». Che pure quando servono vanno fatte. Diffidare però da chi dipinge la vita cristiana come uno scontro continuo. «Il cristiano deve favorire l’incontrabilità, l’amicizia, non lo scontro. Non ha bisogno di nemici per esistere».

Non c’è nessun bisogno, ad esempio, di demonizzare epoche storiche. «Sulla modernità», ha precisato Borghesi, «senza buonismi o semplificazioni, Ratzinger ha scritto pagine poco conosciute di un’apertura sorprendente». E la sua lettura del Concilio Vaticano Secondo, soprattutto sul tema della libertà religiosa, mostra che la Chiesa può confrontarsi con simpatia con il moderno non mettendo la propria identità tra parentesi, ma andando ad attingere alle sue fonti più pure, soprattutto ai Padri della Chiesa. «In questo momento storico abbiamo un grande punto di riferimento», ha concluso il filosofo, «questo Papa che ci invita continuamente a non sostituire Cristo con i valori cristiani». In fondo, ha osservato, «non era questo anche il richiamo costante di don Giussani?»

Il fatto è, come ha ricordato Alessandro Banfi riandando a un dialogo di tanti anni fa con don Giacomo Tantardini (si parlava del settimanale Il Sabato di cui Banfi è stato direttore), «in fondo anche noi abbiamo il problema di vincere nella storia. E invece Gesù non ha vinto, è morto in croce». È vero, dirà pochi giorni dopo don Giacomo in un’omelia. Anche noi spesso siamo come tutti gli altri. Vogliamo vincere facile. Ma su un punto l’amico giornalista si sbagliava. Perché l’ultima parola non è la croce, è la risurrezione. Non sconfitta, ma vittoria. «Gesù vince nella storia». Con un piccolo nota bene, però. «Vince come vuole Lui, non come pensiamo noi». Non è questo il vero argine alla teologia politica?